La psicología como engaño
La psicología como engaño: una crítica a la visión institucional de la deprivación emocional infantil
Introducción
La psicología, como disciplina científica y práctica clínica, ha sido valorada por su capacidad para comprender y aliviar el sufrimiento humano. Sin embargo, a lo largo del tiempo también ha sido objeto de cuestionamientos por su papel dentro de estructuras sociales que, lejos de transformar las causas profundas del malestar, tienden a adaptarlo al sistema. En este contexto, la deprivación emocional infantil revela una contradicción: mientras se analizan sus efectos en el individuo, pocas veces se cuestionan las condiciones sociales que la provocan. Este ensayo, a partir del análisis de un documento centrado en la deprivación emocional, expone cómo la psicología puede convertirse en un engaño cuando deja de ser crítica y se limita a describir síntomas sin intervenir en las raíces del problema.
Desarrollo
La deprivación emocional infantil es definida en el texto como la carencia persistente de afecto, validación y vínculo emocional en los primeros años de vida. Este vacío puede surgir por abandono, negligencia, ausencia afectiva de los cuidadores o por institucionalización temprana. Las consecuencias incluyen baja autoestima, dificultades para el apego, problemas emocionales como la ansiedad o la depresión, e incluso el desarrollo de conductas antisociales o alexitimia. La psicología ha sido clave en el estudio y tratamiento de estos efectos. Sin embargo, muchas de sus intervenciones están centradas en adaptar al individuo a las condiciones que le dañan, más que en transformar esas condiciones. Por ejemplo, en lugar de cuestionar por qué existen sistemas familiares o sociales que permiten que un niño crezca sin afecto, se patologiza al niño por sus síntomas. Así, la psicología corre el riesgo de funcionar como un aparato que disfraza el problema con etiquetas diagnósticas, en lugar de problematizar el modelo social que produce esas carencias afectivas.
Esta crítica se vuelve más fuerte cuando se observa que la mayoría de las soluciones ofrecidas (terapias individuales, fortalecimiento familiar, programas escolares) son importantes pero insuficientes si no van acompañadas de un análisis estructural. ¿Qué pasa con las condiciones de pobreza, la precarización de la maternidad, la ausencia del Estado en la crianza, o la violencia institucional? La psicología, en su versión más técnica o académica, muchas veces no responde a estas preguntas, y en ese silencio se instala el engaño: la ilusión de que es posible curar sin transformar, aliviar sin cuestionar. En este sentido, la psicología puede convertirse en cómplice del statu quo cuando se aleja de una mirada crítica. Se convierte en una herramienta de adaptación en lugar de liberación, especialmente cuando se limita a aplicar protocolos o diagnósticos sin considerar el contexto sociopolítico de cada sujeto. El texto analizado, aunque valioso en su descripción clínica, deja entrever esta limitación al centrarse más en los efectos personales de la deprivación que en sus causas estructurales.
Conclusión
La psicología, como campo de conocimiento, tiene el potencial de sanar y comprender. Pero también puede ser un engaño si no cuestiona el sistema que produce el sufrimiento que intenta tratar. La deprivación emocional infantil es un fenómeno que requiere tanto comprensión individual como acción social. Una psicología verdaderamente transformadora no solo debe diagnosticar, sino también denunciar. No basta con señalar las heridas del alma si no se habla también de quién las causa. Recuperar el carácter crítico de la psicología es el primer paso para dejar de ser parte del engaño y empezar a ser parte del cambio.
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